LA COMPASION

 




LA COMPASION
Al hablar de la compasión en el ámbito clínico, es importante resaltar que  las relaciones de poder en los grupos de salud pueden favorecer o no el cuidado compasivo. Se hace evidente la
contribución positiva cuando el líder, directivo o profesional se convierte en modelo de práctica compasiva porque
motiva a otros a seguir de ese modo. Relaciones positivas entre colegas permiten sentir apoyo, satisfacción y
compromiso, brindar cuidados culturalmente sensibles y centrados en el paciente, comprendiendo otras prácticas
culturales, con fuerza y resiliencia ante contextos adversos. No obstante, algunos profesionales muestran
desvalorización, poca colaboración y resistencia ante la diversidad cultural.   

Algunos  estudios reflejan de manera general el impacto del cuidado compasivo y
culturalmente congruente en personal de salud, que destacan el crecimiento personal y profesional, y
en los pacientes, que se sienten mejor cuidados y más satisfechos. 

La compasión y el cuidado culturalmente congruente mejoran la percepción de los pacientes y su
satisfacción con el cuidado puesto  sintiéndose valorados y tratados con dignidad; favoreciendo
sus resultados de salud, a través de la mejora del afrontamiento, la esperanza, el alivio del sufrimiento
y enfocándose en la recuperación

“Promover entre pacientes, familiares y profesionales la oportunidad de transformar el proceso de
morir en una experiencia compartida de crecimiento personal y de toma de conciencia de nuestros
recursos y necesidades espirituales. El sufrimiento puede verse como una amenaza de pérdida de
integridad, coherencia y conciencia de pertenencia, pero también como una llamada a la plenitud. El
modelo asume que la muerte es más que un hecho biológico. Es un hecho humano, social y
espiritual y también una oportunidad especial que presenta el reto de descubrir y sumergirnos en
nuestra naturaleza espiritual y crecer. En este contexto, el cuidado espiritual debería ser visto como
un acercamiento profesional y ético a esta oportunidad que se ofrece para la sanación. La
espiritualidad es un universal humano, expresión de ese dinamismo que impulsa nuestro anhelo
inagotable de plenitud y felicidad, que caracteriza la condición humana y que se expresa en la red
de relaciones que cada persona establece. Esta naturaleza espiritual, profunda, íntima e intangible
que nos caracteriza y confiere nuestra humanidad, es el dinamismo que pertenece y se experimenta
a un nivel transnacional, transpersonal y transconfesional. Es decir, se descubre y se vive en, pero
sobre todo más allá de lo cognitivo, de lo individual y de lo creencial, trascendiéndolo e
integrándolo.





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